Romanos
8:1
sigue
explicando
cómo son
los que
están en
Cristo.
Son
gente
que,
"no
andan
conforme
a la
carne,
sino
conforme
al
Espíritu."
Qué
interesante.
Viven
conforme
al
Espíritu.
Pablo
está
hablando
del
Espíritu
Santo
aquí, no
del
espíritu
del
hombre.
Y si
estas
personas
que
están en
Cristo
andan
conforme
al
Espíritu
Santo, ¿Cómo
puede
ser que
seguirían
viviendo
contentamente
en el
pecado
habitual?
Hay
muchos
otros
pasajes
bíblicos
también
que
explican
claramente
cómo
cada
verdadero
creyente
debe
vivir su
fe
diariamente.
La
primera
epístola
de Juan
es uno
de ellos.
Allí
Juan
está
escribiendo
a las
iglesias
de Asia
Menor, y
está
tratando
con la
herejía,
o la
perversión
del
Evangelio,
que
había
entrado
en la
iglesia
primitiva.
Haríamos
bien en
prestar
atención
a sus
avisos,
porque
todavía
aquella
herejía
está
afectando
la
iglesia
hoy en
día.
Específicamente
en
discernir
quiénes
son los
verdaderos
hijos de
Dios.
¿Son
todos
los que
dicen
que son
salvos,
verdaderos
hijos de
Dios? ¿Puede
un
verdadero
hijo de
Dios
sigue
felizmente
viviendo
en el
pecado
habitual?
¿Cómo
andan
los
verdaderos
hijos de
Dios?
Esto es
lo que
dice
Juan:
1
Juan
1:5-10 –
"Este
es el
mensaje
que
hemos
oído de
él, y os
anunciamos:
Dios es
luz, y
no hay
ningunas
tinieblas
en él.
Si
decimos
que
tenemos
comunión
con él,
(profesando
ser
salvos)
y
andamos
en
tinieblas
(practicando
un
estilo
de vida
pecaminoso)
mentimos,
y no
practicamos
la
verdad
(estamos
engañándonos
a
nosotros
mismos);
pero
si
andamos
en luz
(obedeciendo
la
Palabra,
viviendo
en
santidad,
perseverando
en
Cristo y
en Su
Palabra)
tenemos
comunión
unos con
otros, y
la
sangre
de
Jesucristo
su Hijo
nos
limpia
de todo
pecado
(este es
un
creyente
verdadero).
Si
decimos
que no
tenemos
pecado,
nos
engañamos
a
nosotros
mismos,
y la
verdad
no está
en
nosotros.
Si
confesamos
nuestros
pecados,
él es
fiel y
justo
para
perdonar
nuestros
pecados,
y
limpiarnos
de toda
maldad
(todo
pecado –
del
pasado,
del
presente
y del
futuro).
Si
decimos
que no
hemos
pecado,
le
hacemos
a él
mentiroso,
y su
palabra
no está
en
nosotros."
1
Juan
2:2-6 –
"Y él
(Cristo)
es la
propiciación
por
nuestros
pecados;
y no
solamente
por los
nuestros,
sino
también
por los
de todo
el mundo.
Y en
esto
sabemos
que
nosotros
le
conocemos,
SI
GUARDAMOS
SUS
MANDAMIENTOS
(obedeciendo
Su
Palabra,
viviéndola
cada día).
El
que
dice: Yo
le
conozco
(profesando
Cristo
con la
boca),
y no
guarda
sus
mandamientos
(siguiendo
felizmente
en su
pecado
sin
arrepentirse),
el
tal es
mentiroso,
y la
verdad
no está
en él
(no
es un
hijo
verdadero
de
Dios);
pero
el que
guarda
su
palabra,
en éste
verdaderamente
el amor
de Dios
se ha
perfeccionado;
por esto
sabemos
que
estamos
en él.
(La
evidencia
visible
de un
hijo
verdadero
– él
obedece
la
Palabra
de
Dios).
El
que dice
que
permanece
en él,
DEBE
ANDAR
COMO ÉL
ANDUVO
(en
santidad)."
1
Juan
2:15-17
–
"No
améis al
mundo,
ni las
cosas
que
están en
el mundo.
Si
alguno
ama al
mundo,
el amor
del
Padre no
está en
él.
(Uno que
hace una
profesión
con la
boca
diciendo
que es
creyente
o
cristiano,
pero
sigue
amando
las
diversiones
y cosas
del
mundo,
no tiene
el amor
del
Padre en
él, y,
pues, no
tiene el
Padre –
no es
salvo).
Porque
todo lo
que hay
en el
mundo,
los
deseos
de la
carne,
los
deseos
de los
ojos, y
la
vanagloria
de la
vida, no
proviene
del
Padre,
sino del
mundo. Y
el mundo
pasa, y
sus
deseos;
pero el
que hace
la
voluntad
de Dios
permanece
para
siempre
(el
fruto de
la
salvación
verdadera)."
1 Juan
3:1-3 –
"Mirad
cuál
amor nos
ha dado
el
Padre,
para que
seamos
llamados
hijos de
Dios;
por esto
el mundo
no nos
conoce,
porque
no le
conoció
a él.
Amados,
ahora
somos
hijos de
Dios, y
aún no
se ha
manifestado
lo que
hemos de
ser;
pero
sabemos
que
cuando
él se
manifieste,
seremos
semejantes
a él...y
todo
aquel
que
tiene
esta
esperanza
en él,
SE
PURIFICA
A SÍ
MISMO,
así como
él es
puro."
I
Juan
3:6-10 –
"Todo
aquel
que
permanece
en él,
no peca
(no
sigue en
un
estilo
de vida
pecaminoso,
practicando
habitualmente
el
pecado);
todo
aquel
que peca,
no le ha
visto,
ni le ha
conocido.
(La
persona
que dice
que es
salvo
pero
sigue
viviendo
habitualmente
en
pecado,
no
conoce a
Dios, y
no es
conocido
por
Dios.)
Hijitos,
nadie os
engañe;
el que
hace
justicia
es justo,
como él
es justo.
El que
practica
el
pecado
(haciéndolo
su
hábito)
es
del
diablo;
porque
el
diablo
peca
desde el
principio.
Para
esto
apareció
el Hijo
de Dios,
para
deshacer
las
obras
del
diablo.
Todo
aquel
que es
nacido
de Dios,
NO
PRACTICA
el
pecado,
porque
la
simiente
de Dios
permanece
en él; y
no puede
pecar,
porque
es
nacido
de Dios.
(Tiene
la
simiente
de Dios,
el
Espíritu
Santo,
morando
dentro,
trayendo
la
convicción
cuando
peque,
causándole
remordimiento
sobre su
pecado,
y
también
trayendo
la
disciplina
o
corrección
del
Señor a
su vida
por
causa de
su
pecado).
En esto
se
manifiestan
los
hijos de
Dios, y
los
hijos
del
diablo:
todo
aquel
que no
hace
justicia,
y que no
ama a su
hermano,
no es de
Dios."
1
Juan 5:1
–
"Todo
aquel
que cree
que
Jesús es
el
Cristo,
es
nacido
de Dios;
y todo
aquel
que ama
al que
engendró,
ama
también
al que
ha sido
engendrado
por él
(a los
otros
hermanos).
En esto
conocemos
que
amamos a
los
hijos de
Dios,
cuando
amamos a
Dios, y
guardamos
sus
mandamientos."
1 Juan
5:18a –
"Sabemos
que todo
aquel
que ha
nacido
de Dios,
no
practica
el
pecado...."
En
conclusión,
podemos
ver de
la
epístola
de 1
Juan que
aquellos
que no
quieren
dejar su
pecado;
aquellos
que
quieren
seguir
adelante,
felizmente
practicando
un
habitual
estilo
de vida
pecaminoso;
aquellos
que no
están
experimentando
la
disciplina
o la
corrección
del
Señor en
sus
vidas
por su
pecado
habitual,
estos no
son
hijos
verdaderos
de Dios
(Hebreos
12:5-8).
NOTA:
Aunque
la
primera
carta de
Pablo a
los
santos
en
Corinto
es
frecuentemente
citada
como un
ejemplo
de que
los
creyentes
(santos)
carnales
existen,
esto no
quiere
que
decir
que
están
siendo
excusados
o
defendidos
por la
carnalidad
o el
pecado
en sus
vidas.
Nadie
debe
malentender
eso.
Nunca
excusaremos
o
defenderemos
la
carnalidad
o el
pecado
en la
vida de
un
creyente.
Si
seguimos
leyendo
la carta
de 1
Corintios,
vemos
que
Pablo la
escribió
con un
propósito
(una
meta) –
para
regañar
y
corregir
a los
carnales
creyentes
nuevos e
inmaduros.
Él
nombró
sus
pecados
y les
dio la
exhortación,
el
mandato,
para
dejar
estos
pecados.
Él
estaba
esperando
que
experimentasen
remordimiento
sobre su
pecado,
y que se
arrepintiesen,
trayendo
verdadero
cambio a
sus
vidas. Y
esta
misma
meta
debe ser
la de
nosotros
hoy en
día en
la
iglesia.