Dios
Es Digno
Colosenses
1:9-10 –
“Por lo
cual
también
nosotros...no
cesamos
de orar
por
vosotros....para
que
andéis
como es
digno
del
Señor....”
1
Tesalonicenses
2:12 –
“...y os
encargábamos
que
anduvieseis
como es
digno de
Dios,
que os
llamó a
su reino
y gloria.”
Bien
recientemente
tenía el
privilegio
de
escuchar
un
mensaje
breve de
avivamiento
que mi
hija
encontró
en
Facebook.
Mientras
que
estaba
escuchando
la
franqueza
osada de
los
predicadores
famosos,
una
historia
específica
me
impactó
grandemente.
Un
hombre
había
sido
llamado
por Dios
para
servir
como
misionero
en el
continente
de
África.
Su
corazón
fue
conmovido
para
compartir
la luz
del
evangelio
de
Cristo
con una
nación
pagana.
La meta,
según él,
era
salvar a
las
almas
perdidas
del
infierno
e
iluminar
esas
almas
con la
maravillosa
verdad
de la
Palabra
de Dios,
trayéndoles
de las
tinieblas
hacia la
luz
preciosa
de Dios.
Pero lo
que él
encontró
cuando
llegó
era que
los
paganos
no
querían
escuchar
su
mensaje
de
esperanza.
De hecho,
ellos
amaban
su
pecado y
no
querían
tener
nada que
hacer
con la
luz de
Dios.
Sobre
tiempo,
el
misionero
se
desanimaba
y empezó
de
cuestionar
al Señor.
Se
preguntaba
por qué
estaba
en aquel
lugar
cuando
ellos a
quien
estaba
tratando
de
alcanzar
no
querían
ser
alcanzados.
Ellos no
le
querían
a él y
él
estaba
perdiendo
su deseo
de
ministrar
a ellos.
No fue
hasta
que él
se
postró
arrodillado
ante
Dios
para
hacer
preguntas
que él
finalmente
descubrió
la gran
realidad
de su
error.
Ha ido a
África
con la
meta
noble de
salvar a
los
incrédulos
del
infierno
y de la
destrucción
por
compartir
la
verdad
de Dios
con
ellos
que
nunca
habían
oído. ¡Ciertamente
ellos
serían
bien
agradecidos
a él!
¿No?
Tristemente,
ese no
fue el
caso. En
vez,
cuando
el
misionero
enfrentó
solamente
enojo y
rechazo
por
ellos,
él
estaba
al punto
de darse
por
vencido.
Eso es,
hasta
que Dios
abrió
sus ojos
a la
verdad:
el
misionero
no
estaba
en
África
para los
incrédulos.
Más bien,
estaba
allí
para
Dios,
para Su
honra y
gloria y
nada más.
El
predicador
no
estaba
en
África
porque
los
hombres
necesitaban
la
salvación.
Estaba
allí
porque
Dios le
llamó y
Dios era
(y es)
digno de
ser
obedecido.
Nada más
tiene
importancia.
¡Qué
lección
más
importante
para
aprender!
Todo lo
que
hacemos
es por
un
propósito
y un
propósito
solamente:
¡Dios es
digno!
Él es
digno de
nuestra
obediencia.
Él es
digno de
nuestro
amor. Él
es digno
de
nuestro
honor. ¡Él
es digno
de
nuestro
todo! Es
por eso
que
debemos
esforzarnos
en
obedecer
diariamente
Su
Palabra,
momento
por
momento,
no
importa
lo que
los
otros
hacen,
piensan,
o como
responden;
porque
si
quitamos
nuestros
ojos de
esta
meta,
bien
fácilmente
perderemos
nuestra
esperanza
y nos
daremos
por
vencidos
cuando
no
veamos
el fruto
de
nuestra
labor.
Haga a
Dios y
Su
gloria
la
prioridad
en su
vida,
porque
solamente
esa le
quedará
fielmente
amando,
obedeciendo
y
sirviendo
al Señor.
¡Ciertamente
Él es
digno! |